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Primeros Movimientos – Segunda Guerra Mundial – Invasión de Polonia (Fall Weiss) – Parte VII

Capítulo VI

Primeros movimientos: movilización y provocaciones.

Hitler había previsto iniciar la guerra el 26 de agosto de 1939, y las fuerzas alemanas empezaron a desplazarse hacia sus líneas de partida la tarde anterior. El anuncio de la firma del pacto deseguridad anglopolaco en la tarde del 25 de agosto dejó a Hitler confuso, y ordenó que el ejército pospusiese el ataque mientras se hacían gestiones diplomáticas con Italia. No todas las unidades recibieron el mensaje y se produjeron algunos incidentes fronterizos menores, incluido el intento de una unidad de Brandenburgo de tomar un cruce ferroviario y un túnel en el vital paso de Jablonka, que salva los Cárpatos meridionales. unidades guerrilleras alemanas en Polonia occidental incrementaron sus acciones de sabotaje, y la Luftwaffe continuó con sus vuelos de reconocimiento a gran altitud sobre el país vecino.

Aunque los polacos detectaron esos aviones, poco podían hacer, pues sus anticuados cazas no podían alcanzar el techo de vuelo de los aparatos alemanes.Los polacos habían movilizado 700.000 hombres a finales de agosto, pero presiones de Francia y Gran Bretaña les impidieron ordenar la movili¿ación completa. Las potencias occidentales tenían el aciago recuerdo de cómo la movilización de 1914 había sido el detonante de la Gran Guerra y sacaron conclusiones de su propia experiencia histórica. Para los polacos, la actividad alemana a través de las fronteras era una señal evidente de que sus vecinos planeaban una acción militar, y el mariscal Rydz-Smigly ordenó la movilización total el 30 de agosto. A pesar de la crítica situación fronteriza, la embajada francesa presionó a Rydz-Smigly para que diese marcha atrás. El Gobierno polaco era consciente de que británicos y franceses eran su única esperanza de poder resistir un ataque alemán y, a regañadientes, aceptó de nuevo.

La reducida flota polaca iba a ser de poca utilidad en la que parecía inevitable guerra con Alemania, de modo que fue dispersada de sus puertos. El 30 de agosto empezó la Operación Pekín, por la que se envió la flotilla de destructores a refugiarse en Gran Bretaña, justo a tiempo para cruzar los estrechos de Dinamarca antes de que estallase la guerra.

El 31 de agosto, la situación en las fronteras era tan grave que Rydz-Smigly ordenó de nuevo la movilización total, a pesar de las continuas presiones de franceses y británicos para que no lo hiciera. Sin embargo, esta movilización postergada y confusa no sirvió sino para empeorar la precaria situación polaca. Mientras que la Wehrmacht iba a ser capaz de atacar con todos sus efectivos, el Ejército polaco sólo dispondría del 65 por ciento de los suyos, con muchos de los reservistas todavía en tránsito.

Hitler seguía confiando en que las potencias occidentales se guardarían de ayudar a los polacos, por lo que puso en marcha un pretexto para cargarles la culpa a éstos. Bajo la Operación Himmler, tropas de las SS con uniforme polaco montaron un ataque bufo contra un puesto de radio en la ciudad limítrofe de Gleiwitz y emitieron encendidas soflamas animando a la minoría polaca de Alemania oriental a que tomase las armas contra Hitler. Se dejaron los cuerpos de unas cuantas víctimas de campos de concentración vestidas de soldados polacos para intentar demostrar la agresión polaca y se llevó al lugar a corresponsales extranjeros. Esta fantochada no convenció a nadie, y Europa se preparó para lo peor.

Capítulo VIII

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