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El asedio de Varsovia – Segunda Guerra Mundial – Invasión de Polonia (Fall Weiss) – Parte XIV

Capítulo XIII

El asedio de Varsovia

La ruptura de las líneas entre los Ejércitos Lodz y Prusy permitió a los elementos en cabeza del Décimo Ejército alemán -las Divisiones Panzer 1 y 4— lanzarse hacia las afueras de Varsovia en la tarde del 7 de septiembre. Los planes polacos cambiaban constantemente. La ciudad fue presa del pánico la tarde del día 6, cuando se anunció que el alto mando se trasladaba a Brzesc y que los hombres de ciertos grupos de edades tenían que abandonar la ciudad y agruparse en un área al este de la misma. Esta última orden fue desatendida por el Mando de Defensa de Varsovia del general Walerian Czuma y por el alcalde la capital, Stefan Starzynski. Este urgió a los residentes de Varsovia que mantuvieran la calma y ayudasen a erigir defensas en las afueras de la capital. Varsovia era como un imán para las unidades polacas en retirada y las que estaban a medio movilizar, y los mandos de la ciudad optaron por una defensa prolongada sin atender a los planes del alto mando.

Los carros de la 4.a Panzer empezaron a sondear los suburbios de Ochota a primera hora del 8 de septiembre, pero fueron recibidos por la artillería tirando con elevación cero. Los carros alemanes no estaban bien apoyados por infantería y padecieron bajas causadas por cañones contracarro de 37 mm y de campaña de 75 mm emplazados y camuflados en cruces de calles importantes. Los combates cesaron el 9 de septiembre, cuando la 4.a Panzer fue llamada hacia el oeste para hacer frente a la contraofensiva del Bzura.

Cuando se reemprendieron los ataques contra Varsovia, el día 15, llegaron del norte, del Grupo de Ejércitos Norte de Von Bock, pues el Grupo de Ejércitos Sur de Von Rundstedt estaba peleando en el Bzura. La punta de lanza del Grupo de Ejércitos Norte consistía en unidades del Tercer Ejército. El cambio de planes a mediados de septiembre había permitido a Von Bock desplegar sus fuerzas en ambas márgenes del Vístula, de modo que el ataque del Tercer Ejército provino a la vez de las orillas oriental y occidental del río, y alcanzó con gran fuerza el suburbio Praga, en la orilla este. Los alemanes fueron incapaces de crear un cordón alrededor de la ciudad hastaque terminaron los combates en el Bzura, y la segunda tanda de combates tuvo lugar sobre todo en los suburbios septentrionales. Para el 20 de septiembre, los últimos restos del Ejército Poznan habían entrado en Varsovia a través del bosque de Kampinos, en el norte. El 21, cuando hubieron cesado casi por completo los combates en el Bzura, la Wehrmacht consiguió cercar la ciudad con 13 divisiones, casi una tercera parte de sus fuerzas en Polonia. El Grupo de Ejércitos Sur de Von Rundstedt cerró de nuevo los accesos meridionales y occidentales de la ciudad. Se concentró un millar de piezas de artillería para el asalto final. El primer intento serio tuvo lugar el día 23, pero dio pocos resultados porque los polacos estaban bien preparados. El siguiente ataque, el 25, fue precedido por un intensísimo bombardeo artillero y aéreo: desde entonces, ese día fue conocido como el «Lunes Negro». Participaron 1.200 aviones, incluidos transportes Ju 52. Estos trimotores se habían empleado como bombarderos durante la Guerra Civil española y volvieron a serlo ahora, lanzando un 13 por ciento de las bombas incendiarias arrojadas ese día. El ataque levantó inmensas nubes de humo y polvo, por lo que la precisión del bombardeo fue mala. De hecho, cayeron tantas bombas sobre la infantería alemana en los barrios occidentales que se produjo una fricción importante entre los mandos del ejército y la fuerza aérea. La cosa llegó a tal extremo que tuvo que intervenir el propio Hitler. El gasto de municiones sorprendió incluso a los propios alemanes: la Luftwaffe había utilizado la mitad de sus existencias de bombas para la campaña polaca.

Aunque los bombardeos del día 25 no fueron decisivos, al día siguiente la infantería alemana tomó por fin los tres fuertes zaristas (los de Mokotow, Dobrowski y Czerniakow) del sur Varsovia. Hitler ordenó a sus generales que impidiesen a los civiles abandonar la capital, presumiendo que la falta de víveres y agua forzaría la capitulación. En la tarde del 26 de septiembre, el jefe del Ejército Warsaw, general Ftiliusz Rommel, envió parlamentarios al Octavo Ejército alemán para discutir los términos de la rendición. Las hostilidades terminaron formalmente el día 27 y 140.000 soldados polacos se entregaron. El asedio había sido tremendamente costoso: 40.000 civiles muertos, un diez por ciento de los edificios destruidos y otro 40 por ciento dañados. La cercana guarnición de Modlin resistió sólo dos días más, hasta el 29 de septiembre, en que el general Wiktor Thommee hizo capitular a sus 24.000 hombres.

Capítulo XV

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