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La sucesión de Lenin

Ya cuando Lenin se encontraba gravemente enfermo y en retiro desde 1922, habían aparecido tensiones al interior del Partido. Stalin se ocupó de alejar del poder a León Trotsky, su principal rival, a quien acusó de «revisionismo antibolchevique» y de traidor a la revolución popular y oportunista. Para ello, aprovechó la instauración del centralismo democrático en marzo de 1921, el cual había suprimido el derecho a disentir de la línea del Partido. Tras la muerte de Lenin, el 21 de enero de 1924, el Comité Central del bolchevique Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) decidió mantener en secreto su «testamento político», redactado en marzo de 1923, en el cual Lenin recomendaba alejar a Stalin del poder, pero no designaba a su sucesor. Los debates entre las diferentes facciones del Partido condujeron al reforzamiento de este último.

La bandera de la URSS

Respaldado por la Constitución de la Unión Soviética de 1924, el emblema del Estado era un martillo y una hoz que simbolizaban la alianza de la clase obrera y el campesinado. Unas espigas de trigo estaban entrelazadas en una banda roja con la inscripción en los idiomas de las 15 repúblicas: «¡Proletarios de todos los países, uníos!»

Entre las divergencias de la oposición y el «centro» (la facción de Stalin) se encontraba la cuestión del desarrollo industrial de la Unión Soviética. Trotsky y la «Oposición de izquierda» favorecían una industrialización rápida porque consideraban que la NEP representaba una amenaza de «restauración capitalista», por el hecho de su aislamiento internacional y por el desarrollo en su interior de «fuerzas burguesas» (el campesinado acomodado y los empresarios y comerciantes privados denominados nepmen). Nikolái Bujarin y la «Oposición de Derecha» se oponían a esta tendencia por temor a las consecuencias que tendría una industrialización muy rápida sobre los campesinos, que conformaban la aplastante mayoría de la población. Por ello, preferían la prosecución de la Nueva Política Económica y un desarrollo lento y progresivo.

Por otra parte, la oposición encabezada por Trotsky había denunciado desde años atrás la burocratización creciente del régimen, de la cual Stalin sería el representante directo. Asimismo, señalaban la responsabilidad de este y de sus aliados en las fallidas revoluciones alemana (octubre de 1923) y china (1927), así como en el fracaso de la huelga general en Inglaterra (1925-1926). En efecto, del medio millón de adherentes con que contaba el Partido bolchevique en 1923, menos de 10.000 participaron en los debates anteriores a octubre de 1917. Su base social se modificó considerablemente desde la revolución y no contaba con más del 9,5% de los obreros, lo que llevó a la oposición de izquierda a desarrollar el lema: «Cuarenta mil miembros del partido manejan el martillo; cuatrocientos mil, la cartera.»

El «clan» de Stalin fue rápidamente llevado a utilizar esta nueva casta de apparátchiki para aislar a la «vieja guardia» bolchevique aplastada por la guerra civil. Una lucha brutal se desencadenó al interior del Partido Comunista soviético (PCUS), marcada por la violencia y maniobras de intimidación. Trotsky fue separado progresivamente del poder: fue retirado del Gobierno desde 1925, excluido del Partido en el XV Congreso (1927), relegado a Asia Central y exiliado de la Unión Soviética en enero de 1929.

Paradójicamente, a partir de 1929, Stalin retomó e incluso radicalizó la política de industrialización antaño ensalzada por Trotsky (incluso si el contexto económico era diferente). Se volvió contra la derecha y eliminó de responsabilidades a Nikolái Bujarin y Alekséi Rýkov (1928-29).

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