lunes , noviembre 30 2020
Home / Ucronías / URSS III / El Gran Giro (1929-1934) y sus consecuencias

El Gran Giro (1929-1934) y sus consecuencias

Anterior

El 3 de noviembre de 1929, Stalin publicaba en Pravda un artículo titulado El Gran Giro: hacia el XII aniversario de Octubre que daba por finalizada la NEP. La meta de Stalin no consistía solamente en construir una sociedad sin clases, objetivo del comunismo, sino también de abastecer más rápido las ciudades, centros de poder bolchevique, cuando la «crisis de las cosechas» (1927-1929) obligó a restaurar el racionamiento urbano y demostró la fragilidad del poder. Además, se trató de industrializar a la Unión Soviética lo más rápido posible, por medio de la extracción de los recursos del campo, necesarios para modernizar el país y volverlo capaz de enfrentarse a los países capitalistas en caso de guerra.

La colectivización de las tierras

gran giro
Stalin y Bujarin

En 1929, Stalin también decretó la «colectivización» de las tierras (en la práctica, una nacionalización) y la «liquidación de los kuláks en tanto clase». La propiedad privada de los medios de producción fue abolida, las tierras y los medios de producción de los campesinos fueron reagrupados en koljós o sovjós. Ante esta medida, la resistencia fue considerable: antes que abandonar sus bienes al Estado, los kuláks incendiaron las cosechas y mataron a su ganado (1930-1932). Ciertas regiones fueron presas de verdaderos levantamientos armados, en los cuales la autoridad del Partido único fue seriamente desestabilizada durante algún tiempo: ciertos militantes y responsables locales incluso tomaron partido por sus conciudadanos.

La resistencia fue desbaratada por la violencia. Solamente en 1929, 1.300 revueltas campesinas fueron aplastadas. El 2 de marzo de 1930, Stalin consintió un retroceso: su artículo «El vértigo del éxito» (Головокружение от успехов), aparecido en Pravda, autorizó los gastos de los koljosianos (koljózniki), los cuales se vaciaron en seguida. Pero apenas la cosecha anual estuvo asegurada, batallones de voluntarios reclutados en las ciudades partieron violentamente al asalto del campo. La imprecisión peligrosa de la noción de kulak autorizó todo tipo de arbitrariedades: se terminó por considerar como kulak a todo adversario real o supuesto de la colectivización.

En pocos años, 400.000 familias de kuláks fueron deportados a Siberia a toda prisa, en condiciones espantosas y abandonados a su suerte. La total improvisación de la operación tuvo como consecuencia una gran mortandad entre los «deskulakizados» deportados. Se presentaron incluso escenas de canibalismo, mientras que otros huyeron de sus lugares de exilio y erraron a través del país en condiciones miserables: la mayor parte fue sistemática detenida y liquidada en el curso de la Gran Purga.

En 1932, Stalin se negó a escuchar numerosas advertencias, entre ellas la del escritor Mijaíl Shólojov, que pronosticaban que la prosecución de las colectas forzadas de semillas y cereales llevaría a una hambruna. De hecho, la terrible hambruna de 1932-1933 causó estragos en las tierras de trigo más ricas del país, en particular, en Ucrania (Holodomor). La existencia de la tragedia fue negada en el extranjero y las exportaciones de trigo continuaron como si nada sucediera. Varios hambrientos que se trasladaban hacia las ciudades fueron contenidos por el OGPU y reenviados al campo. Se contabilizaron, por lo menos, 4 ó 5 millones de muertos.

Bandadas de huérfanos errantes (los bespryzórniki) atravesaron durante años las carreteras de la URSS. En algunos años, igualmente, 25 millones de campesinos huyeron del campo, donde la violencia y el hambre hacían estragos, para refugiarse en las ciudades que sufrían una explosión anárquica.

Conformando la última guerra campesina y la última hambruna grave de Europa, la colectivización integral se completó en 1934, pero los daños fueron irreparables y los campesinos enrolados en los sovjósy y en los koljósy mantuvieron una resistencia pasiva, en la forma de una baja productividad sistemática. En 1935, para contrarrestar esa resistencia, Stalin concedió a cada agricultor un pedazo de tierra (el dvor) que podía utilizar libremente y cuyos productos podían ser vendidos en un mercado koljosiano libre. En 1939, estos terrenos que representaban solo el 3% de las tierras producían el 25% de los cultivos, más de la mitad de las frutas y hortalizas y el 72% de la leche y la carne.

Así pues, los resultados globales siguieron siendo mejorando en los años siguientes. Al eliminar los kuláks, la agricultura fue privada de sus elementos más dinámicos, pero el dvor, le devolvió ese dinamismo. La antigua Rusia, primera exportadora de cereales en el mundo bajo el Imperio ruso, se convirtió en un país importador y de nuevo pasó a ser exportador. El racionamiento urbano restablecido en 1927 no pudo ser levantado hasta 1935 y entre 1936 y 1937 se presentaron grades superavits de alimetos. Debido al éxodo rural masivo provocado por la nacionalización de las tierras, la industria rusa se benefició de una abundante mano de obra disponible. La compra a bajo precio de las cosechas por parte del Estado debido a la sobreproducción, le permitió también financiar la industrialización.

Planificación e industrialización

Cartel soviético

Afiche soviético: «El humo de las chimeneas es el aliento de la Rusia soviética».

Decidido a hacer de la Unión Soviética una gran potencia industrial, Stalin decretó la nacionalización de todas las empresas y suprimió la categoría social de los nepmen. Incluso se prohibió ejercer su oficio a los artesanos individuales, al menos hasta 1936. Stalin encargó al Gosplán la planificación de la economía. El 1 de octubre de 1928 se lanzó el primer plan quinquenal, el cual privilegió a la industria pesada y a las comunicaciones en detrimento de la agricultura y a las industrias de consumo, y fijó objetivos de producción particularmente ambiciosos.

La «industrialización a toda marcha» ansiada por Stalin fue iniciada. Esta convirtió a la URSS en una dictadura productivista que vivía con la obsesión de conseguir y sobrepasar las normas de producción siempre realzadas. Desde 1931, el objetivo oficial consistía incluso en cumplir el plan quinquenal en solamente cuatro años. El desempleo desapareció oficialmente, las Bolsas de Trabajo y los subsidios al desempleo fueron suprimidos desde 1930. La jornada laboral se alargó. A partir de 1929, el sistema de «no-interrupción» (nepreryvka), eliminó la jornada semanal de descanso común: para que la URSS estuviera en actividad continua, cada persona tenía sus 5 (luego 6) días de trabajo y su último día de descanso propio.

Los resultados fueron espectaculares. En 1940, la URSS se encontró en el tercer puesto en el rango de industrialización mundial. El país cambió de aspecto y se cubrió de grandes obras, en parte, realizadas por la mano de obra servil del Gulag: canales, embalses, fábricas enormes, rascacielos, metro de Moscú, nuevas ciudades, etc. Pero esta industrialización a marcha forzada tuvo su precio. Mucho más costoso de lo previsto, el Plan Quinquenal debió ser financiado por la inflación (la masa monetaria se cuadruplicó en algunos años), por los préstamos forzados a los trabajadores y a particulares o incluso por la entrega obligatoria al Estado de los objetos de oro. El Estado desarrolló también la extracción de recursos naturales, los cuales ofreció en el mercado internacional recurriendo, si era necesario, al dumping (petróleo de Siberia o de Kolymá extraído por los prisioneros del Gulag).

El derroche de recursos y de energías fue considerable y muchos trabajos fueron hechos de prisa o no se acabaron. Incluso algunos revelaron ser inútiles, como el Canal Mar Blanco-Báltico (1930-1933), costoso en vidas de presidiarios y que casi nunca vio circular algún navío hasta años después. La eficacia fue a menudo sacrificada por la grandiosidad, por la precipitación y por la propaganda. Las decisiones políticas primaron sobre la competencia: los especialistas, ingenieros y técnicos, que eran raramente miembros del Partido, fueron en efecto mantenidos bajo sospecha, mientras que los adeptos al Partido, para quienes contaba ante todo la obediencia incondicional a las órdenes políticas, fueron tenidos en una alto concepto.

En el plano social, la industrialización se alcanzó en detrimento de las industrias de bienes de consumo y de la agricultura, lo que engendró grandes sufrimientos a la población. La presión ejercida sobre la clase obrera fue tal que el nivel de vida popular cayó un 40% en el curso del primer Plan Quinquenal. Los salarios obreros no recuperaron su nivel de 1928 hasta 1940. A partir de 1935, el movimiento estajanovista patrocinado por el Estado permitió la aparición de una nueva «aristocracia obrera» y una nueva alza en las normas de producción a expensas de las condiciones de trabajo y de sus salarios. Desde 1931, un reglamento de trabajo impidió todo cambio de empleo no autorizado. En 1938-1940, una serie de decretos draconianos castigaron con el envío al Gulag a todo retraso repetido de más de 20 minutos.

Siguiente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *